China ha inaugurado su quinta base en la Antártida el miércoles 7 de febrero, marcando otro hito en su ambiciosa carrera hacia el Polo Sur que comenzó hace casi cuatro décadas. La estación de investigación científica Qinling está estratégicamente ubicada en la zona marítima más cercana al Polo Sur, en lo que los exploradores llaman el «último de los océanos». Esta base, diseñada para mejorar los estudios sobre la capa de hielo, la ecología marina y el cambio climático, se espera que pueda albergar hasta 80 investigadores en verano y unos 30 en invierno, según informa Beijing News.
Con una superficie de 5,244 m², las instalaciones de la base de Qinling estarán dedicadas a una variedad de disciplinas científicas, incluyendo glaciología, investigación geofísica y biomédica, meteorología y astronomía. Además, se llevarán a cabo estudios para completar la comprensión del ecosistema del océano Antártico.
China, que se unió relativamente tarde a la exploración antártica en 1984, ha emergido como una gran potencia polar con cinco estaciones de investigación en la Antártida. Estas estaciones brindan una valiosa perspectiva sobre el cambio climático y han permitido importantes avances científicos, como la comprensión de la evolución del núcleo de hielo mediante perforaciones a profundidades de hasta 146 metros.
Además de su interés científico, la presencia de China en la Antártida también está motivada por sus recursos naturales. Se estima que la región posee enormes reservas de petróleo, gas natural, carbón, hierro y minerales, además de ser la mayor reserva de agua dulce no contaminada del mundo. Estos recursos representan una nueva esperanza para abordar la crisis energética y son un componente importante de la estrategia de China para garantizar su seguridad energética y ampliar su influencia global.


