El papa Francisco pronunció estas palabras durante un discurso en un evento organizado por el movimiento Acción Católica en la plaza de San Pedro.
En su intervención, el Sumo Pontífice reflexionó sobre el origen de los conflictos armados, señalando que muchas veces surgen a partir de abrazos fallidos o rechazados, que luego desencadenan prejuicios, incomprensiones y sospechas, llevando a considerar al otro como un enemigo.
Francisco destacó que el impulso hacia la fraternidad y la paz no siempre es bien recibido en el mundo, encontrando en ocasiones resistencias que endurecen los corazones y generan actitudes de rechazo y confrontación. Advertió sobre el peligro de que el gesto de abrazar se transforme en un puño, subrayando que este fenómeno lamentablemente se observa en demasiadas partes del mundo en la actualidad.
El papa enfatizó el poder transformador de un abrazo, capaz de cambiar vidas y abrir nuevos caminos de esperanza. Destacó que el camino hacia la paz comienza en el corazón de cada individuo, con decisiones cotidianas que promuevan la reconciliación y el perdón, incluso en situaciones difíciles.
Además, Francisco expresó su gratitud a los peregrinos húngaros por su solidaridad con los refugiados ucranianos que han debido abandonar su país debido a la guerra. Este gesto, según el pontífice, refleja un corazón abierto y generoso, que contribuye a la construcción de un mundo más justo y pacífico.


